
Cierto día, no fue como todos, esa alarma ensordecedora de mi celular me invitaba a empezar un nuevo día de vida, me había levantado temprano para someterme nuevamente a la dictadura de la cotidianeidad. Lo que ni siquiera intuía mi corazón es que aquel día no sería como todos, el sol abrazaba un poquito más fuerte, sus mejillas cálidas rozabas con las mías, yo lo saludaba con cierta incomprensión, las hojas entre cafés y verdes me despedían mientras pasaba por las calles que, aun estando frías acogían mis pasos con una calidez incomparable. Quizás estoy un poco loco pero creo que los caminos que sigo para llega a mi destino auguran las nuevas buenas de cada día, mi pensamiento resbalaba por el azul aire matinal, ese día la naturaleza escondida entre tanto cemento capitalino brotaba extasiado para invitarme a volver a sentir lo lindo de la vida, eso que había perdido entre los caminos pedregosos de un pasado reciente de incoloridad, había bebido hirviendo las amarguras de colores nerviosos que un día me habían amenazado con cortar las alas al pensamiento libre e inocente.
Todo estaba dentro de la normalidad hasta ese momento en que vi con mi corazón tu alma brillante, era tanto resplandor que podía probar la dulzura de tus rizos hermosos, que invitaban a dormir una siesta eterna y reparadora ideales para curar mis heridas profundas. Tus rizos eran como las nubes que flotan mirando las cosas de una perspectiva distinta que incluso los cóndores envidian. Flotaba en tu esencia de nube acompañados de unas preciosas flores que hasta ese momento no había visto ni en el más lindo de mis sueños, en ese paseo por lo celestial de tu belleza sublime me encontré con tus soles que me miraban tiernos y traviesos, esquivabas mi mirada desafiante, solo quería encandilarme con el resplandor de tu calidez, y luego cerrar lentamente mis ojos para imaginarme el más largo de los besos en tus labios cerezas.
Por desgracia los dioses caprichosos hacen que las experiencias del sentir acaben con el tiempo agónico que pasa veloz por la carretera de la vida. Descendí del paraíso de tus rizos, perdí la mirada a tus soles que se escapaban con letargo, pero quedaría en la imaginación tus suaves labios que no se irían de los míos. Cobijo esa utopía lindísima que se impregnaba en mi esperanza y sueño diariamente las caricias que le daría a tu alma de terciopelo que deambula caprichosa por los deseos de la soledad de vigilia.
Después de ese momento de primavera de amapolas tan fugaz pero tan hermosos pienso y pienso en tu carita de felicidad, me siento bien y mis heridas sanan como si el milagro de la curación sería tu facultad que entregas a un ser que busca la vida multicolor entre los cerros nevados por donde busco tus rizos de nube. Es verdad que puedes parecer una utopía, pero me basta con saber que busco la utopía más linda de todas. la eternidad del sentir me abriga y vence a ese tiempo maldito que pretende pasar sin pagar peaje por la carretera de la vida. Ahora vuelo con carita de felicidad, quizás feliz por nada pero la felicidad es algo que no necesita demasiadas explicaciones.
Ya no caben dudas porque en tus rizos de nube las dudas no existen =D.... eres la utopía más linda de todas =D .Me río solo porque imagino tu silueta en el ocaso de la desesperanza que da paso al alba de la bienaventuranza. Eres la perfección de la imperfección hecha alma y disfruto sentir mi corazón hinchado y satisfecho de esa realidad, que vibra viva en llamas de felicidad.

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